Objetivo: Evaluar la capacidad mental y la madurez intelectual en niños con déficit motor, cerebral o verbal.
Aplicación: Individual
Tiempo: Entre 20 y 30 minutos.
Edad: De 4 a 11 años.
Material: Manual, set de tarjetas, hojas de respuesta.
Ámbitos: Clínico, educacional, investigación.
Autores: B. B. Burgemeister, L. H. Blum e I. Lorge.
DESCRIPCIÓN
El Test de Evaluación de la Capacidad Mental y Madurez Intelectual en Niños es una herramienta
diseñada para medir el desarrollo intelectual en niños con alteraciones motoras, verbales o
cerebrales, y es especialmente útil en la población infantil con parálisis cerebral o trastornos de
hiperactividad. Desarrollado inicialmente en 1979 y revisado en 1983, su estructura y método se
mantienen desde entonces. El test busca determinar el nivel de razonamiento conceptual y
discriminación perceptual en los niños, aspectos clave en el desarrollo intelectual.
El test se compone de entre 95 y 100 tarjetas, cada una de aproximadamente 15 x 48 cm, en las
cuales se presentan imágenes fácilmente reconocibles como figuras geométricas, animales,
personas, vegetales y objetos cotidianos. La tarea del niño consiste en seleccionar, a partir de un
grupo de imágenes, aquella que no pertenece al conjunto. Para responder, el niño solo debe señalar
la imagen, eliminando la necesidad del lenguaje expresivo, lo que facilita su aplicación en niños con
dificultades motoras o verbales.
El número de estímulos aplicados a cada niño varía entre 51 y 65, ya que las tarjetas están
organizadas por niveles de complejidad correspondientes a diferentes rangos de edad, ofreciendo un
total de ocho niveles. La puntuación se otorga por cada respuesta correcta, y el puntaje total se
compara con tablas normativas para cada grupo de edad, proporcionando un índice de desviación
que oscila entre 50 y 150 puntos. Estos valores pueden interpretarse utilizando rangos percentiles,
estaninas u otras medidas, lo que permite obtener una visión clara del desarrollo maduracional
intelectual del niño.
Aunque se podría pensar que la prueba es sensible a variables culturales, se ha controlado este
aspecto seleccionando estímulos que reflejan el factor "g" de inteligencia general. El test no solo
mide la discriminación perceptiva y la clasificación, sino que también evalúa habilidades de
razonamiento general, como el uso de color, forma, tamaño y número, lo que la convierte en una
herramienta robusta para medir el pensamiento conceptual, incluso en niños con retraso mental.

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